lunes, 25 de mayo de 2020

Historia de la música que escucho V

V
A principios de la década de los noventa, ya teníamos presencia tangible de la globalización que se había iniciado desde fines de los ochenta. Esta globalización, en términos culturales tuvo repercusiones mucho más profundas que en el pasado. Sí, el cine desde hacía varias décadas había desarrollado una distribución mundial. La ciencia, la filosofía, la literatura, con la invención de la imprenta se hizo posible que en todo el mundo se conocieran las obras. No obstante, considero que fue la televisión, con las compañías de cable, la primera  que tuvo un impacto mundial, mucho más rapidez, que antes. Su difusión, profusión e impacto social, hacía posible que se pudieran ver, al mismo tiempo, programas en todo el mundo. Probablemente, de las primeras transmisiones por televisión que se vieron en vivo a nivel mundial fue la llegada del hombre a la luna. Pero con ya con una infraestructura robusta, estable y constante, fue lograda con la televisión por cable.
Siempre ha habido un dominio cultural de las potencias económicas, y con la globalización se puede decir que hubo un "americanización" de la cultura global. Pero, desde mi punto de vista, eso es caer en un simplismo que no ayuda a comprender la complejidad que sí hubo.
Es un tema de investigación cómo se fue dando la globalización de la música. No sé si hubo, antes de The Beatles, una banda o un personaje que haya alcanzando los niveles de popularidad en el mundo. Ubico a Michael Jackson y a Madonna como otros dos personajes que alcanzaron reconocimiento mundial, y eso ocurre al inicio de la globalización. En la actualidad ya hablamos de un mundo muy diferente, plenamente globalizado, inundado de contenido y con la plataforma de YouTube de alcance es global. Y eso, en la actualidad, algo sumamente cotidiano.
En Guadalajara la televisión por cable, llegó en 1992 y con eso MTV. Un canal de televisión dedicado exclusivamente a transmitir videos musicales, las 24 horas del día. En aquel tiempo no tenía comerciales y las cortinillas de cortes, eran cortometrajes bastante interesantes como la serie de la luna, o las caricaturas de un par de hombres muy serios que se hacían maldades uno al otro y después volvían a su posición inmutable. Los presentadores con excelentes programas eran la argentina Ruth, que conducía los programas de El Lado B y Nación Alternativa. El chileno Alfredo con su tremenda cabellera conducía HeadBangerz, Conexión MTV; el mexicano Gonzalo que no recuerdo si tenía algún programa o sólo presentaba videos o noticias... La mexicana Edith que presentaba la música en "Rendez Vous"; la cubana Daisy con programas los fines de semana; el mexicano Arturo que era divertidísimo y conducía "Conexión MTV", "Fuera", "Los 10 más pedidos...
Me pasaba horas y horas viendo videos. Fue ahí donde conocí muchísima música nueva. Pearl Jam, Björk, Radiohead; Portishead, Blind Melon, White Stripes, Nirvana, Soundgarden, The Verve, The Smashing Pumpkins, Depeche Mode, Oasis, The Cramberries, Alice in Chains, Korn, Red Hot Chilli Peppers, Stone Temple Pilots, Guns n' Roses, Beck, y toda la música llamada alternativa. Pero también se abrió un campo que para mi era desconocido. El rock en español. Soda Stereo, Los Tres, Mano Negra, Manu Chao, Charlie García, Fito Páez, Los Fabulosos Cadillacs, El Gran Silencio, Molotov, Caifanes, Julieta Venegas, Los Aterciopelados, Café Tacuba, Panteón Rococó, Todos tus muertos, Jarabe de palo, Maná, El Tri, Héroes del Silencio y tantos otros...
MTV, de alguna manera, provocó que los latinoamericanos nos encontráramos con nosotros mismos. La identidad de música en español, de muy buena calidad, compartía presencia en la televisión. No era en términos de competencia, ni en términos de oposición, sino de diversidad cultural.
También para aquel tiempo, mi hermano había comprado una grabadora con reproductor de CDs. En Aurrera era frecuente que pusieran discos con descuento y era más o menos accesible. El primer disco CD que compré fue uno de Chicago y uno de The Edge que era un soundtrack a una película que se llamaba Captive que abordaba el síndrome de Estocolmo, también ya había adquirido algunos pocos discos de acetato. Uno de The Doors y algunos de Muddy Waters y The Howling Wolf, que encontré realmente baratos, uno de Tone Loc y el logro mayúsculo fue adquirir The Joshua Tree, The Unforgeytable Fire y Bad de U2. Recién salido, la que era mi novia, me regaló el Achtung Baby, que todavía conservo como una joya, aunque ya no tengo tornamesa para reproducirlo.
En ese tiempo, la música era el escape más frecuentado por mi. En casa siempre había mucha gente y el hacinamiento era mucho. Me sentía bastante incómodo y como no estaba bien integrado con mi familia, prefería escaparme al sonido con volumen muy alto. Así que la relación con la música ya no incluyó a otros, sino que se volvió una relación conmigo mismo. Así leía, estudiaba, dibujaba y escuchaba música que se volvió omnipresente en mi estancia en casa. Desde las visitas con mi hermana, de las que hablé más atrás, me hice aficionado a ver detenidamente las portadas de los discos. Para mi era muy importante ver cuándo se había publicado el disco, conocer los productores y demás detalles. Ya me defendía en el inglés y seguía la letra cuando en los discos las incluían.
Había tenido algunos walkman Sony con sus respectivos audífonos, pero como no había muchos recursos para comprar baterías, no fue algo que usara intensamente. Quizá hubiera con esa alternativa hubiera molestado menos a mi familia, pero ni siquiera tenía el recurso de poder decir cómo me vivía y las necesidades que tenía.
Después de la preparatoria, adquirí la identidad de bicho raro, que fue la reacción que tuvieron mis compañeros de prepa por todas las críticas y burlas que les hice. Asumí que mis gustos no era populares y que era preferible continuar en soledad con lo que a mi me gustaba. Con la diferencias de que ya no critiqué a nadie por sus gustos, ni tampoco intenté imponer los míos. Me convencí de que lo que a mi me gustaba no era del agrado de los demás. Todavía con bastante orgullo seguía escuchando mi música, en una profunda vinculación conmigo mismo... 

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