miércoles, 27 de mayo de 2020

Música VI

VI
El impacto de Internet, creo que todavía no lo conocemos ni lo entendemos muy bien. ¿Qué cambios se están dando y cómo serán? ¿Cuáles producirán una transformación profunda y cómo será esta? Son asuntos que vamos medio entendiendo conforme van ocurriendo. Es tal la diversidad y vertiginosidad de las innovaciones que intentamos adecuarnos de la mejor manera a todo esto. En términos culturales, tomó sentido el concepto de aldea global. Estamos muy cerca de todos y lo que brilla es la diversidad. En medio de esta complejidad, hay tendencias que se orientan hacia el respeto y fomento a la diversidad. Ven en las diferentes formas de expresión algo que nos enriquece. Pero también hay intentos hacia la homogeneización de la cultura, de los hábitos, de los valores.
Con la sobreoferta que existe, he tenido la sensación de ser avasallado, de estar congestionado, ahogado o perdido en medio de la sobreabundancia de producciones culturales. Cuando intento conocer qué se está haciendo en estos días. Es inmensa la producción y no tengo muchos elementos para descartar, para seleccionar o elegir y es tan poco el tiempo. 
Cuando ingresé a la facultad, la música ya no fue un motivo de relación con los demás. Un compañero le gustaban los Toreros muertos y la onda punk española. Otro más escuchaba Pet Chop Boys y es todo lo que recuerdo de ellos. En el contexto de la facultad había metaleros, los que escuchaban música latinoamericana, trova cubana, otros con la onda alternativa; pero la música ya no ocupó una centralidad en mis relaciones. Pasé del critico sarcástico, ácido y corrosivo, al silencio ausente. No opinaba nada sobre lo que escuchaba. Tampoco decía qué escuchaba ni compartía mi música. A pesar de toda la importancia que tenía para mi, ya no hablaba de ella con mis compañeros ni amigos. La dejé reservada para el ámbito privado e individual. Adopté la identidad de bicho raro. Incluso cuando algún compañero me pidió música, le dije que probablemente no le gustaría lo que yo escuchaba. La relación con los compañeros se dio mediante los libros. Compartíamos las lecturas, los comentarios. Estudié en la extinta Facultad de Filosofía y Letras, en la carrera de Historia y el mundo se llenó de letras. Pero esa no voy a hablar de eso.
La música desde fines de la preparatoria fue el medio de aislarme del mundo. Seguí investigando. Ya podía comprar algunos pocos discos, pues ya había entrado a trabajar. A pesar de que ganaba muy poco, mucho de ese poco dinero lo destinaba a la compra de discos. Ya en sus versiones de CDs. Los discos de acetato en aquel tiempo prácticamente habían desaparecido.
En Guadalajara cada vez fue menos difícil conseguir discos, estaba una tienda especializada que todos los rockeros conocían. Se llamaba el Quinto poder y se encontraba por la Avenida Alcalde a un par de cuadras de la Catedral. Tengo entendido que la reabrieron, pero no la he ubicado. Ahí se encontraba "el material" para satisfacer las necesidades musicales. Se caracterizaba por tener discos importados. Ahí sí se vendían los grandes discos de acetatos. Como estaba orientada más hacia el metal, no fue mucho de mi agrado. De vez en cuando iba a ver lo que tenían, pero nunca compré nada ahí. Los discos eran importados y eso los hacía más caros. También estaba otra tienda, Musical Lemus, que se especializaba en música "clásica". También vendía instrumentos musicales. Otra era Aguilar Discos. Vendía los éxitos populares de norteño, gruperos, cumbias, baladas. Aunque de vez en cuando, se podían encontrar discos de la música que a mi me gustaba a precios muy razonables. Los centros comerciales, como Aurrerá o el extinto Gigante, tenían una zona de discos y ahí fue donde compré algunos. Por otro lado, surgió una tienda especializada en música que presumía que podían conseguir cualquier disco que les pidieras. Su tienda era muy bonita y con un estilo arquitectónico moderno, se llamaba Isaac. Ellos hacían la importación y te llamaban cuando ya lo tenían. Poco después surgió Mr. CD y más tarde aún Mix Up donde ya se vivió la abundancia de material discográfico con toda plenitud.
En esa época ya no escuchaba el radio. Sólo lo que yo tenía. No era una colección muy grande, quizá 15 o 20 discos. Me dediqué a copiar música en casets. De esos sí tenía alrededor de 150 y la colección crecía constantemente. El hecho de haber dejado de escuchar el radio, provocó que desconociera lo que se estaba escuchando. Eso me ocurrió a partir de mediados de la década de 1990.
MTV fue el medio en el que conocí la música más o menos hasta el año 2000. Después de ese año, ese canal, comenzó a introducir muchos programas con caricaturas para críticas y de humor ácido como South Park, Beavis & Butthead, Daria, Happy Tree Friends y de ese tipo. Poco a poco lo dejé de ver. Incluso ya no tenía mucho tiempo para ver televisión. Estudiar y trabajar dejaba poco tiempo para ver tele. Prefería escuchar la música que tenía.
Con la llegada de la computadora e Internet, surgió una explosión musical sorprendente. Ya era posible ponerse a buscar música y encontrar prácticamente lo que se quisiera. Cuando surgieron los P2P (peer to peer) se pudo compartir música y bajar sin que esto representara un costo. El primero fue Napster. De hecho, su vida fue relativamente corta porque le llegaron al por mayor demandas por violación a los derechos de autor. Poco después vino Ares en el que se podían encontrar discos completos o canciones individuales. Como los usuarios eran los que compartía sus propios archivos musicales, la diversidad explotó. De un día para otro, el acceso a la música de hizo inmenso. Incluso cosas que no habían tenido una producción profesional. Así conocí a Rockrigo que una antigua pareja, me presentó.
Esos servicios P2P movieron a cada quien a reencontrase con sus propios gustos. Adquirían lo que conocían. Yo no hice lo mismo, más bien me puse a investigar. Me centré en el pasado. Ya había visto algunos documentales que intentaban dar un panorama de la historia del rock. Me interesó conocer quienes habían hecho las propuestas más novedosas en sus respectivos tiempos. Conocer las influencias de las bandas que conocía. Descubrí que la música que a mi me gustaba hundía sus raíces en la década de los sesentas y en el blues. Todos reconocen a Robert Johnson como el abuelo del rock y a quien conocí gracias a la película "Crossroads" que protagonizó Ralph Macchio. Otra obra que me aportó mucho en mi investigación musical fue "Rayuela" de Julio Cortázar. En esa obra, de alguna manera, el argentino me guió por el mundo del jazz, pero no me detuve mucho ahí. Me concentré en Charlie Parker y poco en Duke Ellington, Miles Davies y John Coltrane, pero no lo tomé con un estandarte propio.
En cambio con el Blues, sí lo revisé con detenimiento y atención. Más con Howling Wolf, Muddy Watters y Robert Johnson y menos en Sonny Boy Williamson y Buddy Guy.  
Mi interés era tener el panorama de nacimiento y desarrollo de las bandas que más me gustaban. Fue ahí donde concentré mi atención. Había iniciado con Pink Floyd, pero continué con Led Zeppelin, The Doors (que a principios de los 90 puso de moda a ese grupo por la película de Oliver Stone). Descubrí también el Festival de Woodstock y me puse a investigar sobre los ideales utópicas de aquella generación de los hippies.
No sé cuántos discos llegué a tener, creo que serían 120 y no sé cuántos casets. Pero hubo un momento en el que pasé a lo digital. La codificación del mp3 era de bastante buena calidad y en algún momento de mi vida, decidí deshacerme de todos esos discos y casets. Sólo me quedé con lo digital. En la computadora pasaba todo mi tiempo libre escuchando música, ordenando la información, clasificando por año, por portada, por grupo toda la música, agregándole el archivo de letra. Incluso me hice de un disco duro externo para guardar toda la música. No tengo idea de cuántos discos tengo. Eso ya perdió sentido.
Cuando medianamente sacié el deseo de conocer lo que había ocurrido con las bandas que escuchaba y que ya más o menos había entendido la historia del rock, mi atención se dirigió a conocer la música mexicana. Comencé con los nacionalistas Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y Manuel M. Ponce. Cuando los investigaba también conocí a Arturo Márquez y por ahí algún otro compositor mexicano que en este momento se me escapa el nombre. Luego me surgió el interés de la música del mundo. Con la película de "Regina Margot" conocí al compositor Goran Bregovic y me puse a investigarlo. Adquirí todos sus disco y junto a con él, me puse a estudiar la historia de los Balcanes y de los romaní. Hacía poco tiempo que Yugoslavia se había desintegrado; en esa investigación conocí a Emir Kustorika  y su No Smongin Orchestra.
En ese sentido, me interesó conocer la música en el mundo. Desde tiempo atrás conocía a Ladysmith Black Mambazo que cantó el tema principal de la serie Shaka Zulu y con ellos intenté conocer un poco de África. Me resultó muy difícil. No tenía muchas referencias. Con Peter Gabriel conocí a Yusuf N'Dur, pero no llegué muy lejos. Lo que cantaba Ofra Haza me parecía muy bueno, también lo de Nusrat Fateh Ali Kahn y conocí poco después la música sufí, las flautas chinas, la música japonesa con los taikos. Desde luego por George Harrison había conocido a Rabi Shankar, pero añadí a Anoushka Shankar, y alguna que otra cosa de la India, pero no mucho.
Me ha gustado muchísimo, Dead Can Dance con quienes me he maravillado tantas y tantas veces. Más o menos en el mismo sentido, me gusta Corvux Corax y en la onda celta, siento una profunda admiración por Loreena McKennitt quien comenzó tocado todos sus instrumentos ella misma y grabando en la cocina de su casa; también me agradó mucho en su tiempo Enya...
Otra parte importante de la música, ha sido la que conozco en las series y películas. Sumo a mis gustos lo que hacen compositores como Hans Zimmer, Dany Elfman, Ennio Moricone, John Williams, James Horner, Howard Shore, Philip Glass, Lisa Gerrard, Vagelis, Yann Tiersen, Ramin Djawadi.
Desde hace algunos años, llegaron los servicios de Apple Music, luego se sumaron Spotify, Dezzer y no sé cuántos más hay. Lo que sí, es que transformaron la manera de consumir la música. Por una cuota mensual abren toda su discoteca que suma millones y millones de canciones. Se puede encontrar todo... es gigantesco e inabarcable lo que ofrecen.
Justo en el momento que todo esto llega, el trabajo consumía ya la mayor parte de mi tiempo, y en el descanso preferí ver series y películas en Netflix y de HBO Go. La investigación hacia la música se ha reducido. Aquel tiempo en el que me pasaba horas viendo la portada de los discos, memorizando la letra de las canciones, el repetir y repetir y volver a repetir un mismo disco hasta memorizarlo, se perdió. Ya no investigo mucho. Incluso me he dado cuenta que han pasado días en los que no escucho música.  
Con una oferta que me sobrepasa, no sé ni qué escuchar. No sé qué se escucha ahora. De pronto ha habido algún alumno que me presenta la música que escucha, de manera que he conocido alguna poca con ellos como Lady Gaga o Justin Bieber. Mucha veces me siento perdido, porque es tanto lo que se produce y tan poco el tiempo para escuchar... He visto que me quedo en lo que ya conozco. Alguna vez he pensado en cómo hubiera reaccionado de joven con todos los recursos que ahora están presentes. No sé si hubiera investigando y profundizado en lo que me gusta o no.

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